NO SIEMPRE ES LO QUE PARECE (Miguel Ángel Núñez)

-Polinizando a esta jara blanca (Cistus albidus) no hay una abeja. Se trata de un sírfido, una mosca de la familia Syrphidae.

-Su abdomen a base de bandas amarillas y negras le imprimen un aspecto tan parecido al de las abejas o las avispas que, a pesar de no poseer ningún tipo de aguijón venenoso, consigue evitar a buena parte de sus depredadores potenciales.

-Sin embargo una observación más detallada nos permite descubrir al imitador: antenas muy cortas, solo un par de alas en lugar de dos y ausencia de peciolo entre el tórax y el abdomen diferencian a esta mosca (O. diptera) de las abejas y las avispas (O. hymenoptera).

-Miles de años de relaciones coevolutivas complejas hay detrás de estas imitaciones entre especies. Las ventajas para el imitador que conlleva el ahorro de fabricar toxinas y armas están limitadas sin embargo por la capacidad de los depredadores para descubrir su engaño cuando sus poblaciones superan en tamaño a las de la especie imitada. Estas interacciones han llamado la atención de los científicos desde que un contemporáneo de Charles Darwin y compañero de expedición de Alfred Russel Wallace, Henry Walter Bates, las describiera por primera vez a partir de sus estudios sobre mariposas del Amazonas.

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