El gallo azul (Antonio Leiva)

El gallo azul, como le llaman en algunos puntos de la geografía andaluza, parece haberse recuperado. En efecto, tras una situación bastante precaria que relegó la última población ibérica al sur de España, en torno al Parque Nacional de Doñana, la recuperación lenta y constante ha tenido lugar. De hecho hoy día no es difícil observarlo en varios puntos de la provincia.

Los calamones se afanan en arrancar con su potente pico la vegetación palustre, para seguidamente agarrarla con la pata y devorarla, recordándonos más al comportamiento de un mamífero que al de un ave. También son capaces de capturar pequeños invertebrados: escarabajos acuáticos, caracoles, saltamontes, lombrices e incluso sanguijuelas. Incluso pueden llegar a ingerir huevos y pollos de otras aves vecinas, culebras de agua, ranas y pequeños peces.

La facilidad con la que se mueven entre la vegetación acuática se debe a la estructura de sus patas, que finalizan en alargados dedos, los cuales les permiten caminar incluso por encima de plantas flotantes.

Aconsejamos darse un paseo por el puente del Arenal y el Balcón del Guadalquivir porque con un poco de paciencia y suerte puede observarse algún ejemplar de esta bella e inconfundible ave.